Te dejo un regalo... te dejo una maravilla cantada hace muchos años por estas dos personas:
Decreto el secreto en mi vida y también el silencio durante el día... y vendré aquí por la noche a gritar, o por la mañana muy tempranito, cuando las hadas aún brillan al pasar... y dejaré que me llenen la piel con chispas de perlados y relucientes sueños... y mentiré por ellas y negaré que existan porque he decretado secreto y silencio... y sólo oirás el eco, el murmullo, el rumor y el resplandor de los latidos del Universo, muy dentro de tu corazón... y el mio...
Estoy oyendo a Wilson Pickett y su Tierra de las Mil Danzas... una y otra vez... y eso que me duele la cabeza mucho... pero la pongo una y otra vez... na... nanana... nanana... nana... nana... nanana... Los negros me parecen seres excepcionales por sus voces, por sus cuerpos, por sus músicas, por sus manos... por su dolor y por su piel...
Recuerdo la imágen del tendedero en invierno, cuando la niebla, el frío, la nieve o la lluvia movía las pinzas enganchadas en la cuerda... y me parecían seres indefensos y olvidados que, eso sí, cuando se necesitaban debían hacer su trabajo... y, si por la inclemencia del tiempo se rompían o se oxidaban, las tiraban... ¡qué crueldad! Por eso, cuando me hice adulta y tendí mi propia ropa, nunca dejé una pinza colgada del tendedero, nunca la abandoné a su suerte... En verano, el recuerdo que destaca son las sábanas tendidas al sol y el reflejo sobre el blanco nítido del algodón bien lavado y escamondado (una palabra que me fascina, que la decía mi madre con absoluta norma y regularidad y no sé muy bien qué significa)... y el gusto de jugar entre ellas toqueteándolas mientras los mayores te gritaban: "No toquéis las sábanas blancas que se ensucian" En fin... también recuerdo que mi hermano hacía pistolas con las pinzas que mi madre desechaba y, cuando necesitaba más y las cogía a escondidas, ella siempre lo descubría y le obligaba a dejarlas tal como estában... abandonadas colgando de una cuerda que mi padre o mi abuelo tensaban de vez en cuando para que la ropa no tocara el suelo...
Otra imágen importante de mi pasado es el fuego a tierra, el hogar, la llar de foc... las tardes acabadas mirando fíjamente las llamas y oyendo las pavesas crujir alrededor de nuestras piernas o de nuestros zapatos... con las bombillas apagadas largo rato, hasta que mi madre o mi abuelo se levantaban para hacer la cena... en la "cocina económica" imprescindible en un pueblo que vivía de las minas de carbón. Mi padre y su padre eran mineros. A mi abuelo se le cayó parte de una galería encima y estuvo hospitalizado meses y convaleciente, casi el resto de su vida pues sus caderas nunca se recuperaron y le quedó una especie de cojera rara que hacía que sus piernas se arquearan como si fueran a rompérsele de un momento a otro... mi padre también sufrió en la mina, como todos los padres de todas las niñas y niños que yo conocía... y llegaban a casa con la cara muy negra, cosa que nos asustaba mucho cuando éramos pequeños... y vestían ropa negra o azul marino y los pañuelos de nariz eran de rallas negras y grisáceas... y los cuentos, las historias sin duda inventadas la mayoría sobre la marcha, de un abuelo dormilón y cariñoso al que le faltaba la primera falange del dedo corazón de una mano que ya no recuerdo... y la perdió cortando leña con un hacha en su pueblo, allá en la Andalucía más profunda, cuando era un joven saliendo a la vida...
Una ventana con flores y nieve cayendo... esa es una de las imágenes de mi infancia... mi madre tiene una "mano" para las plantas asonbrosa y siempre ha tenido muchas y muy bonitas... y la nieve, ¡ay! esa sí que es una de las cosas más arraigadas en los recuerdos de mi niñez. Hacíamos muñecos de nieve en el colegio, patinábamos y nos divertíamos con trineos en las excursiones a la alta montaña, muy cercana a mi pueblo natal. Mi pueblo era pequeño y olía a carbón y a leña. Las tardes eran largas despedidas hacia el horizonte... con nubes platino y sol dorado, según la época del año... mi pueblo eran caras familiares que me conocían y me daban agradables recados para mis familiares, mi pueblo era la confianza de ir a comprar con la retahíla: "Ha dicho mi madre que me dé un kilo de tomates de los que a ella le gustan..." para acabar diciendo: "Me ha dicho que ya los pagará ella cuando venga..." Y el tendero o la pescatera contestaban: "Sí, sí, venga, vuelve pronto a casa..." Pero tú te quedabas en la calle porque habías llamado a tu amiga del alma para que te acompañara a comprar, y subías y bajabas la calle Mayor con la ilusión de encontrar aquellos ojos infantiles con los que soñabas sueños inocentes llenos de esperanza y belleza...
Me encanta poner fotos en el blog así que, esta noche te voy dejar unas cuantas. Espero que sean de tu agrado. Aunque lo que realmente hago es un juego, una terapia, un ejercicio... elijo una imágen y después escribo inspirándome en ella. Me dejo llevar por el impacto que recibo de lo que veo y escribo espontáneamente... según va saliendo... cuando era pequeña y mi madre aún tenía poder sobre mí, me decía mil veces que tenía muchos pajaritos en la cabeza. Y también decía que el motivo, la causa de que eso fuera así era, el afán que tenía por leer, leer, leer, leer... y, ¿sabes?, creo que tenía razón en el fondo... ella no concebía la vida de la forma que yo la describía, del modo que yo la sentía... porque a ella le tocó vivir una etapa de la Historia en la que los derechos, las delicadezas, la sensibilidad, el respeto, etc., brillaban por su ausencia y, para sobrevivir, había que obviar esas cosas que eran conceptos de debilidad y un lujo imposible de asumir... y tenía miedo por mí, por mi rebeldía y por mi fuerza innata para luchar y pelear por la Justicia... tenía miedo por mí, por la vida que íba a tener, por el sufrimiento que iba a marcar mis días, por la incertidumbre del pánico a perder una hija en un enfrentamiento político y, también, cómo no, por su concepto machista de la vida en general... así la educaron y quizás ella hizo poco por cambiarlo... tenía derecho a tener miedo: ella sufrió una guerra y todas sus consecuencias...
Ya se acaba el domingo. No hace mucho calor y me acabo de enterar de que hoy ha habido un terremoto. Y yo, no he hecho nada en todo el día. Ahora me tendré que dar mucha prisa para hacer todo lo que tenía previsto. Porque para mañana también tengo ya organizadas otras tareas que sin falta se han de realizar. Esta tarde he encontrado por casualidad un espacio que me ha gustado mucho y le he dejado un par de comentarios pero, él, ha venido a verme (al espacio personal que tengo en hotmail), ha buscado información en Google sobre mi (ha dejado las pistas en mis estadísticas), y ha leído hasta los comentarios que he ido dejando en otros blog's y espacios que he ido visitanto a lo largo del tiempo... pero no me ha dicho ni mu...
Estoy contenta. Ya tengo mi reserva hecha para pasar una semanita en un monasterio de Castilla. Estoy emocionada. El año pasado ya estuve en otro pero, una de mis hijas me acompañó y esta vez voy sola así que, será diferente. Me ha dolido un poco que no se haya querido venir conmigo pero, mi vida está en las puertas de dar un gran cambio así que, acepto lo más humilde que puedo todo aquello que parece ser que voy a tener que hacer... ¿A que parece un juego de palabras? Pero no, sólo es la crónica de una realdidad.
Vengo a gritar. ¿No he creado este blog para eso? ¡Pues he venido agritar! ¡Y también a llorar! ¿Para qué voy a intentar engañarte...? También estoy llorando... porque me duele el alma de tristeza y soledad... porque me he equivocado... porque estoy metida en una vida que no es la que quiero... porque SeñorSíSeñor es un impresentable. (Y conste que no pongo otro calificativo porque no quiero que me censuren, pues me gusta este libro virtual que estoy escribiendo y no quiero perderlo... si nó, diría... ¡uy! Lo que diría...)
| Vendré aunque sepa que no hay nadie al otro lado. Escucharé con atención lo que me dice el silencio para saber cómo transmitirte lo que siento. Miraré como una niña... lloraré como lo hace una niña... esperaré con la inocencia de una niña... ¿Acaso no lo soy? ¡Mamá! ¡Cobíjame el alma que la tengo herida! Si me miro a los ojos puedo reconocer el miedo. |
| Te estoy esperando a tí, para que me leas con cariño aunque no sepas quién soy. Te espero, porque espero la esperanza del que se siente escuchado cuando grita desde la noche... Te espero, para contar con más ahínco las cosas que quiero contar... Te espero mientras escribo el secreto que he decretado y lo hago, desde el silencio... Te espero y cuando te espero, voy escuchando tus pasos lentos y cautos... ¡Te espero! No tengas miedo de mi, acercate y escucha el murmullo de mi vida... compartelo y díme lo que sientes... |
| No me hables. No me mires. No me toques. Olvíame si puedes y déjame beber la vida. No me toques, no me hables, ¡no me mires! No rompas el cristal tallado donde está la sangre que me ha de dar la vida... Tu cuerpo y mi cuerpo nacieron para encontrarse y después, quizás, para mantener el recuerdo de aquel hecho, doblado en algún poro de la piel. No me mires, porque la ilusión anida en mí aunque sé que no puedes verme. No me hables, porque ya sabes que tu código y el mio son incompatibles. No me toques, te lo suplico. Porque tu cuerpo y el mio, nacieron para encontrarse... |
| ¡No puedo respirar! ¡Ayúdame! Tú puedes... ¡Me ahogo! No puedo soportar la suciedad. La mierda del alma. La mierda que se lleva dentro. ¡Auxilio! Caminemos hacia el AMOR. ¡Aire! Compromiso y AMOR. Párate y piensa en la suciedad que llevamos dentro... |
Tira la piedra de hoy,
olvida y duerme. Si es luz,
mañana la encontrarás,
ante la aurora, hecha sol.
Dormido, nuestro cuerpo
es el ancla
que nuestra alma deja
en el fondo del mar de nuestra vida.
Luna! Corona de una testa inmensa, que te vas deshojando en sombras gualdas! Roja corona de un Jesús que piensa trágicamente dulce de esmeraldas.
!Luna! Alocado corazón celeste ¿por qué bogas así, dentro de la copa llena de vino azul, hacia el oeste, cual derrotada y dolorida popa?
Luna! Y a fuerza de volar en vano, te holocaustas en ópalos dispersos: tú eres tal vez mi corazón gitano que vaga en el azul llorando versos!...