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viernes, 30 de mayo de 2008

Recordando...

Recuerdo aquellas mañanas de mi infancia, cuando las vacaciones de vernano me permitían dormir y soñar lejos de las severas monjas que amargaban mi existencia. Me fijaba en las flores y en los bichitos que las poblaban, y en color del cielo. Me gustaba fantasear con las nubes y encontrar historias que contarle a mis muñecas. Adoraba la hora de la siesta, el silencio oscuro de los postigos entornados, el olor de los pasteles que hacía mi madre...
Recuerdo las tardes aburridas con la sola compañía de un libro. La merienda y la cercanía de mi abuelo, siempre somnoliento pero dispuesto a contar un cuento o una anécdota del pasado. Me alivia recordar que mi infancia fue bonita y llena de valores humanos y enriquecedores. Lloraba por el mundo. Lloraba por el dolor ajeno. Sufría por una vida que intuía dura y a veces cruel. Pero fue mucho más tarde, muchos años después cuando lo comprobé.
Laia.

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