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jueves, 7 de junio de 2007

Soñando que el pasado cambia... y al final, la vida encaja...

Porque, si cambio el pasado, sin duda mis días serán diferentes. No sé si mejores, pero desde luego, no serán iguales... ¡Qué tontería! ¿Verdad? Lo sé, ya sé que no es posible pero, no digas que no sería estupendo... y por favor, déjame que sueñe. No me quites la ilusión y deja que los murmullos de días oscuros abandonen su habitual rincón. Verás... si un día, cuando era muy pequeña, no hubiera soñado mi vida, ahora no estaría sufriendo. ¿Puedes entenderlo? Porque soñé con una utopía sin saberlo. Porque esperé y esperé sin conocer el riesgo. Los caminos que serpentéan mi existencia tienen LUZ, pero a veces cierro los ojos y no la veo, y siento cómo las tinieblas tocan mi piel queriendo enfriarla pero no la dejo. ¿Entiendes lo que te digo? Así que, si decido cambiar mis días, lo haré soñando y será perfecto. Porque quitaré aquí y pondré allí hasta conseguirlo y, cuando me despierte, seguiré con mis secretos y con mi silencio. Porque en el fondo, no necesito contárselo a nadie más que a tí, que vienes a verme cada noche a escuchar más murmullos, más secretos y más suspiros. ¿Me acompañas? Empecemos... recordando que soy una mujer gorda. Siempre he tenido una especie de complejo en este sentido porque, en realidad, nunca me ví todo lo delgada que quise estar. Aunque nada que ver con el tema anorexia que vivímos ahora y, por otro lado, ojalá estuviera "tan gorda" como yo me veía entonces. Bien, pues, como me veía gordita y bajita, nunca pensé que tendría novio, noviazgo, boda por amor y que sería recíproco. Pero a la vez, era enamoradiza y tenía mil fantasías románticas así que, como ya he dicho, era una especie de complejo que realmente no me hacía sufrir demasiado, más bien se quedaba para los momentos de bajón y abatimiento y entonces era cuando me sentía la más gorda, la más baja, la más fea y la más antipática hundiéndome definitivamente entre el llanto y el hipo. ¡Pues lo cambio! ¡ZASSSS! La VaritaMágica ha actuado... y veo que nunca me preocupó si era guapa o no porque sabía que lo era. Y también sabía que mis ojos atraían a la gente y los admiraban, y que tuve muchos pretendientes guapos e inteligentes que seguían mis pasos... ¿acaso no está ahí el recuerdo si me pongo a buscarlo?
Aquello me dio seguridad y equilibrio porque me lo creí y, cuando llegó mi gran amor queriendo cambiarme mientras decía que me quería, supe corresponder con decisión y firmeza. Y supe decir NO. Por eso, porque supe ser yo misma defendiéndome, mis días están llenos de respeto. El que recibo y el que ofrezco.
Laia.

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