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domingo, 17 de junio de 2007

Quiero que lluevan sueños... para que broten estrellas en el suelo...

Noche sin estrellas... a punto de llover sobre la tierra... desde los nublados cielos donde los sueños perturbados y amenazantes oscurecen la alegria que se empeña en renacer... cada día empieza el último de los días... no te dejes entristecer porque, cuando llege, todo pasará igual de rápido que cuando te rompíste el brazo o la plancha te cayó sobre el pie: ¡en un abrir y cerrar de ojos! Y después, la gente se acordará de tí e incluso, alguna lágrima limpiará sus ojos pero, has de saber, que tu tiempo ya no podrá retroceder, aunque aún no sepas que ya te has ido... ¿me entiendes? Vive tus días y tus noches consciente de que no son tuyos, que te los han prestado para cumplir con una misión... Encuentra la tuya antes de que se acabe el tiempo... escucha lo que llevas dentro y fíjate en lo de fuera...
No hay nada que justifique el egoísmo.
Quiero cambiar el mundo, ¿sabes tú cómo hacerlo? ¡Ayúdame!
Noche sin estrellas y muy pronto mojada por la lluvia que pule el manto de la tierra que pisamos en la vida... estrellas que no tienen noche alguna para brillar... estrellas olvidadas en un lugar perdido...
Miro por la ventana y veo pasar el frío cabalgando sobre las nubes oscuras y el viento tímido que quiere empujar en junio... ¡no es tiempo para vientos! ¿Dónde está la LUZ y el calor de los corazones que buscan a quién amar? ¿Por qué dejámos a los egoístas que diríjan el mundo? Si todos morimos igual que nacemos... ¿acaso alguien lo duda? Yo no conozco a nadie que se haya podido llevar algo al otro lado...
Laia.

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