¿Oyes el sonido profundo de la propia vida?

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viernes, 25 de julio de 2008

Un buen día...

El vicio de escribir me ha traído hasta aquí... las manos vienen solas y los pensamientos se alegran... me encantaría tener un despacho aunque fuera chiquito con una mesa lustrada y lustrosa y una bonita escribanía... ¿ya te he hablado sobre ésto? Puede ser. Pero no me importa repetirlo... me gustaría no escribir en el cuarto de la tele, de la plancha, de los líos y de los enredos... un sitio que solo fuera para mi y para aquellos que yo invitara... donde poner flores en los rincones y amuletos colgando del techo... un sitio de color verde y de color granate, con azul marino y marrones... una burbujita libre de malos rollos y llena de sonrisas y entusiasmo. Un rincón que oliera a incienso, a rosas y con un sillón de orejas que me invitara a la siesta. Donde pudiera juntar y ordenar todos mis libros, que son muchos, para ejercer de bibliotecaria...
Pues sí, aquí estoy, para decirte que he pasado un día maravilloso junto a mi hija.
Te voy a decir un secretillo: le he dado la dirección de este blog para que entre cuando quiera.
No sé qué pensará cuando lo haga pero, ya me siento fuerte y, como lo que he contado aquí, al fin y al cabo, ellas lo han vivido de alguna manera, pues me he decidido a hacerlo.
Supongo que, a no tardar mucho, se la daré también a mi otra hija...
Laia.

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