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domingo, 17 de junio de 2007

Esta noche vengo a gritar... porque quiero volar y no puedo...

Vengo a gritar, sí. Porque mis alas están rotas y no puedo volar. Y necesito salir de este lugar sombrío... ¿acaso no lo véis? Me estoy ahogando... pero voy a desvelar otro de mis secretos: tengo mucho miedo...
Necesito gritar pues quiero volar y no puedo porque tengo miedo... ¿así se resume lo que me pasa? Entonces no es justo que culpe a SeñorSíSeñor de mi activa cobardía... ¿no?
No, no y no... lo que pasa es que mis alas están rotas... pero miedo también tengo. Mucho miedo.
Miedo a la soledad más oscura y traumática. Miedo a la soledad del que tiene compañía...
Miedo al miedo de tener miedo. Miedo a perder algo que nunca he tenido. Miedo al dolor y miedo a las heridas que no curan nunca...
Quiero volar lejos para que los nuevos aires sequen de una vez las cicatrices... quiero mirar al frente con una sonrisa y con la PAZ muy metida en el alma... necesito encontrar a un médico que sepa de alas rotas y miedos nocturnos. Él me ayudará en secreto y desde el silencio.
Vengo a gritar muy fuerte, tanto, que esta noche puede que no me importe asustarte...
Quiero gritarle al mundo que no lo acepto. Que no quiero participar de este miserable chantaje. Que no estoy dispuesta a seguir olvidando. Esta noche vengo a gritar llorando porque mis alas se han roto hace tiempo y no puedo volar para salvar mi cuerpo...
Grito: ¡Socorro! Por mí, pero también por tí. ¡Quiero volar y no puedo! Porque tengo miedo. Lo confieso.
Laia.

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