ada año, lo paso fatal. El calor no me gusta, me baja la tensión, me pone de
¿Oyes el sonido profundo de la propia vida?
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Aunque siempre puedes elegir las etiquetas. Tú decides.
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lunes, 28 de julio de 2008
El verano...
Bueno, ya estamos casi en agosto... el verano llega a su punto álgido y, como c
ada año, lo paso fatal. El calor no me gusta, me baja la tensión, me pone de
ada año, lo paso fatal. El calor no me gusta, me baja la tensión, me pone demal humor y me siento más gorda que nunca... y eso que
no voy a la piscina ni a la playa... las manos hinchadas, los tobillos también... ufff... ¿qué voy a hacer cuando mi amiga, la que me da los masajes de shiatsu se vaya de vacaciones? Se va con su familia a Méjico así que, no tengo más remedio que irme con ella... jejejejeje
No, yo tengo otros planes, ya lo sabes. Y estoy deseando que llegue el momento de ponerlos en marcha. El cumpleaños de SeñorSíSeñor es el seis de agosto así que, el siete se irá a su pueblo, con su mamá y su hermanita... después, yo me pondré en marcha...
Laia.
Ceramista...
Tampoco te he dicho que soy artesana del barro, ¿verdad? Bueno, aficionada con mucho interés de aprender y producir... y no se me da muy mal... la lástima es no tener la posibilidad de usar mi propio horno. Eso me limita mucho. Para compensarlo, voy a clases de escultura y así, de vez en cuando me cuecen también las cosas que hago en casa...En Escocia, en una exposición, vi una gordita tan preciosa, que la fotografié y después la reproduje en casa. Ya sé que es mejor no copiar pero, es tan bonita, que no pude reprimirme... ahí la tengo, en una estantería de casa, junto a un trofeo que me dieron hace años. Premiaron mi esfuerzo y el resultado conseguido con un grupo de enfermos mentales. Les daba clase de cerámica, aunque esa era la excusa pues, en realidad, lo que hacíamos era terapia psicológica para que se aceptaran entre ellos, se respetaran y aprendieran a tolerar en ritmo vital de cada uno. Tengo el gran honor de haber estado con ellos algo más de tres años, durante los cuales aprendí de ellos tanta humanidad y ternura que volvía a casa exhausta. Fueron los mejores años de mi vida, sin duda. Cuando lo recuerdo, me siento muy bien. Las etapas acaban así que, llegó el momento de dejarlo porque conseguí en trabajo que quería. Lo que viene después, te lo cuento otro día...
Laia.
domingo, 27 de julio de 2008
¡A pedir...!
¿ Nunca te he hablado de mi amor por Egipto? Puede que no porque los motivos de la creación de este blog, como ya sabes, eran otros. Lo que me pasa con Egipto es algo muy especial, te lo contaré... No necesito leer sobre Egipto, no necesito conocer hasta los últimos detalles de su cultura, de su historia, de sus faraones... Lo único que necesito es IR... volver "a casa" como vuelves en Navidad a ver a tus padres, a tus hermanos, a tus amigos... tengo la sensación de haber pertenecido a aquella tierra e, incluso, a veces tengo imágenes raras que me vienen a la mente y que, más tarde, cuando veo algún documental o hablo con mi amiga egiptóloga aficionada, le encuentro un sentido lógico desde la intuición. Ya sé que no es una explicación racional pero es lo que siento. Exactamente igual que me pasa con todo lo relacionado con los indios nativos de Norteamérica y con Escocia. El calor me aplasta y me dan miedo los problemas de atentados contra turistas como a todo el mundo, etc. pero, no me moriré sin ir... algo me atrae, algo me llama, algo me espera... tengo que volver...
En Escocia, lugar que tengo la alegría de conocer un poquito, me pasé la mayor parte de los días llorando... y no entendía por qué... era una emoción fantástica, apabullante, muy fuerte y emotiva. Cuando hicimos la excursión a las tierras que defendió William Wallace, no pude ni hacer fotos porque la cortinilla de lágrimas no me dejaba... supe que había vuelto a 
un lugar importante en la memoria ancestral de mi alma... algo parecido me pasó en Notre Dame de París. Hasta oí el órgano... ¡no te digo más! Y me hinché a llorar, no podía parar, una congoja me aprisionaba la garganta y casi no podía respirar... después me dijeron que era casi imposible que hubiera oído el órgano pues se usa sólo en momentos muy especiales. En fin, no sé... son cosas que me pasan...

un lugar importante en la memoria ancestral de mi alma... algo parecido me pasó en Notre Dame de París. Hasta oí el órgano... ¡no te digo más! Y me hinché a llorar, no podía parar, una congoja me aprisionaba la garganta y casi no podía respirar... después me dijeron que era casi imposible que hubiera oído el órgano pues se usa sólo en momentos muy especiales. En fin, no sé... son cosas que me pasan...
Un sueño conseguido: ir a Escocia.
Segundo sueño conseguido: ir a Jordania (por Petra, aunque la "necesidad" no era la misma)
Me quedan otros dos: ir a Egipto y a una reserva india, a poder ser, cerca de Dakota del Norte.
¿Será por pedir? jejejejejeje
Ojalá se me cumplan...
Laia.
Acércate por aquí...
Esta noche te dejo una canción que también es parte de mi infancia...
KUMBAYA...
La versión que cantábamos era en catalán, cuando salíamos de excursión y sobre todo cuando, por la noche y ante una enorme hoguera, descansábamos del día trepidante al que nos sometían los monitores, en aquellos campamentos y colonias que tanto me gustaban y de los cuales, aún conservo infinidad de sensaciones, aprendizajes y costumbres.
Laia.
KUMBAYA...
La versión que cantábamos era en catalán, cuando salíamos de excursión y sobre todo cuando, por la noche y ante una enorme hoguera, descansábamos del día trepidante al que nos sometían los monitores, en aquellos campamentos y colonias que tanto me gustaban y de los cuales, aún conservo infinidad de sensaciones, aprendizajes y costumbres.
Laia.
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Música entre suspiros...,
Suspiros del pasado...
Mis sensaciones más arraigadas...

Algunas de las sensaciones que mi alma lleva en bandolera...
Cruzadas sobre el pecho, como un bolso bonito, antiguo y del que no quieres desprenderte.
La primera es una vista panorámica de mi pueblo, desde la montaña donde la Vírgen de Queralt quiso aparecerse... es ahí donde está el Monasterio y donde me casé, como casi todas las chicas de Berga.
Las demás imágenes son encontradas en internet pero simbolizan lo que siento.
Espero que te gusten.
Son el reflejo de mis recuerdos más enraizados en la infancia.
Laia.
Mis hermanos...
Mis hermanos... dos chicos y una chica... dos parejitas... una mayor y otra joven... los pequeños llegaron cuando yo tenía catorce y dieciséis años respectivamente. Los adopté de inmediato y me dediqué a ellos en cuerpo y alma... eran preciosos y listos, eran mis muñequitos y la prolongación de mis ideas, de mis planteamientos ante la vida... con ellos comía, dormía y vivía. Sin ellos, no podía imaginar cómo respirar... así de fuerte era lo que sentía. pero, llegó a nuestras vidas SeñorSíSeñor, y de esa manera, casándome, me fui lejos de ellos...Mi madre estuvo celosa de mi durante algún tiempo pues, aún casada y muy lejos físicamente, seguían haciendo lo que yo les decía, por supuesto, siempre explicándoles los motivos de por qué se hacía una cosa y no otra... siempre les dije que, cuando los niños se hacen mayores, si han aprendido a serlo, casi siempre saben lo que tienen que hacer... en fin, que eran dos trocitos de cielo. Mi cuarto hermano, el que va detrás de mi y con el que formamos la parejita mayor (y tanto, él cincuenta y yo cincuenta y dos), también he tenido unas vivencias únicas y preciosas. Pero él, ha decidido no proporcionar a esta familia, la ocasión de rememorar viejas historias...
Laia.
Laia.
Mi familia... (555)
Mi familia... cuatro hermanos (dos mayores y dos mucho más pequeños) y un abuelo viviendo con nosotros. Y unos padres que salían a bailar, al cine, se reunían con sus amigos, celebraban fiestas... como les iba bien pues tenían un negocio próspero, se pudieron comprar una de las primeras televisiones que se hicieron. El hombre que la hizo aún vive y la tienda también existe... eran aparatos artesanales que no tenían marca... éso, vino después. Recuerdo los partidos de fútbol en el comedor de mi casa, la que se hicieron ellos con esfuerzo y sacrificio. Parejas de amigos se reunían y traían a sus hijos, claro, cosa que a mi me gustaba mucho porque así tenía con quién hacer de maestra, a quién contarles mis historias inventadas sobre la marcha... recuerdo aquellos años con ternura, con calor, el que despedía aquella estufa de hierro con tubo hacia el exterior a través del techo y a la que debíamos temer pues, más de una vez nos acercamos demasiado y sufrimos las consecuencias. La casa era grande, creo que ya he hablado de ella en otro momento, y recuerdo también los arcones de maíz, los pollitos recién nacidos, las gallinas revoloteando por los rincones, las arcas con la ropa vieja y antigua, los muebles que ya no querían...
Mi infancia fue feliz, si. Y llena de detalles bonitos que, en aquellos tiempos, no me gustaban tanto, como las braguitas de tela con puntillitas que me hacía mi madre, a juego con los vestidos. Y los sombreritos que se empeñaba en ponerme... y los guantes blancos y los calcetines con volantitos diminutos... ¡vaya vida aquella! ¡Qué bonita!
Laia.
Mi madre...
Mi madre era guapa y lo sigue siendo... es una ancianita de las que te apetece abrazar y contarle cosas... tiene la cara marcada por la viruela y unos dientes iguales y sanos...Es muy inteligente y, si hubiera nacido en otra época, hubiera hecho muchas más cosas de las que ha hecho. Con treinta y cinco años quiso aprender a leer y a escribir. Se sentaba conmigo a hacer las tareas de lengua, de matemáticas... y no se sentía humillada sino más bien, orgullosa de aprender y saber algo más... sus amigas la desanimaban pues, por aquellos tiempos, pocas mujeres sabían leer y escribir y, en realidad, la mayoría inmensa de ellas pensaban que era algo innecesario. Tuvimos que mudarnos de pueblo y el proyecto se quedó inconcluso pero, hoy día, aún recuerda cómo juntar las letras y cómo anotar un recado... necesita un metro de papel para hacerlo, pero lo hace... ¡menuda vida ha vivido! Digna de toda una novela, una de aquellas que mi padre le leía allá por los años felices de mi infancia...
Laia.
Mi padre...
Mi padre, con su puro y su bigote, con su pelo dorado y su tupé bien peinado. Serio, formal y cabal. Muy trabajador, demasiado, exagerado... Un hombre sin recursos sociales, sólo sabía sentir y callar... no sabía contar un chiste, no sabía explicarse sin ponerse nervioso... un día, en la inauguración de un bar- restaurante que hicieron, después de la charla de rigor del alcalde y del cura, él se quedó callado y no supo qué decir. Pero ése era mi padre, con sus cosas buenas y sus cosas malas, como todo el mundo. Quiso a mi madre con locura. La cuidó y la mimó durante muchos años. Le hizo regalos, le dio sorpresas, la llevó a sitios bonitos, la hizo sentirse como una mujer en todos los sentidos... con pellizquitos, con confidencias, con complicidades... yo los oía a veces cuando estábamos todos en la cama y, como ya desde pequeña he tenido esta tendencia a no dormir de noche, escuchaba a mi padre durante largo rato leerle novelas a mi madre. Y también les oía cuchichear y reirse... en fin, ellos tenían su intimidad y la disfrutaban pero, llevan dieciseis años divorciados...
Laia.
sábado, 26 de julio de 2008
Lo que siento, en la voz de Chavela...
Chavela... para materializar lo que siento... aunque sólo tiene sonido, he elegido esta versión porque su voz es fantástica...
Sin despecho: ojalá que te vaya bonito...
A todos.
Laia.
Sin despecho: ojalá que te vaya bonito...
A todos.
Laia.
"Te solté la rienda"
Me gustan mucho las rancheras... mi padre las cantaba muy bien y me pasé la infancia oyéndolas y viendo cómo emulaba los gestos de sus ídolos mexicanos. Mi madre y él vieron todas las películas de la época.
"El Rey" es la que más cantaba. Familiares y amigos le pedían que lo hiciera porque, realmente, lo hacía igual que Miguel Aceves Mejía.
Sin embargo, ésta es la que me parece más oportuna para el momento que estoy viviendo.
¡Va por tí papa!
Tú también tuvíste que tomar tu propia decisión, dura y dolorosa.
Laia.
"El Rey" es la que más cantaba. Familiares y amigos le pedían que lo hiciera porque, realmente, lo hacía igual que Miguel Aceves Mejía.
Sin embargo, ésta es la que me parece más oportuna para el momento que estoy viviendo.
¡Va por tí papa!
Tú también tuvíste que tomar tu propia decisión, dura y dolorosa.
Laia.
Que el corazón empuje...
Que todos los seres fantásticos del Universo te cuiden y te ayuden a ser feliz.
Pero sobre todo, que sea tu empeño el que empuje tu corazón.
Laia.
¿Voy muy lenta?
¿Demasiado?
Tengo la sensación de que voy a pasitos muy cortos, aunque hace unas semanas creía que las cosas se estaban poniendo en su sitio... pero sí, se están poniendo, ¡caramba!
No voy a flaquear ni a dudar un segundo.
Las cosas, van bien.
No van como me gustaría que fueran, pero van bien.
Laia.
Consuelo...
Y, es mi deseo, porque lo necesito, un poco de consuelo.
Alivio para el dolor. Y, no es que me encuentre en la situación de tanto tiempo atrás, pero me siento mal. Puede que sea más posesiva de lo que me imaginaba. Y puede que la dependencia sea mayor de lo que creía pero, cuando pueda saborear la liberación que supone mi decisión, será mucho más fácil. Mucho más gratificante. Porque, hoy, todavía me siento culpable...
Culpable de no haber sabido hacer de mi matrimonio algo aceptable...
Son las secuelas de la educación que me dieron. Bueno, que nos dieron a las niñas de mi generación, claro. La mujer debía ser abnegada y sumisa y por supuesto, con una amable sonrísa en la cara y dispuesta siempre a disculpar y defender las posturas machistas.
Pues yo no soy así.
Laia.
Mañana de compras...
Mañana por la mañana me voy con una amiga a Madrid a comprar unas cosas. Temprano. No podré hacer la comida así que, se lo tendré que decir. No creo que ponga ningún problema pues, en el fondo, le gusta hacerse el mártir y, para su machismo, dejarle con el encargo de hacer la comida porque me voy "por capricho" es un motivo para sentirlo. No me importa. En realidad no me importa nada de lo que está pasando, de una forma racional pero, en lo emocional, ¡Dios, como duele romper con el pasado! Pero, si lo miro con más calma, veo que no se puede perder algo que nunca se ha tenido. Ahora, cuando le he pedido que me dejara el ordenador he visto que estaba hablando con alguien por el móvil y, cuando he venido, se ha despedido. No insinúo nada, sólo digo que, sea cual sea la verdad, le encanta hacerse el importante. Ya me gustaría poder decirle que deje de hacer el idiota pero, mi boca está sellada. Para bien y para mal.Laia.
Viviendo el bajón...
Después de la subida... viene el bajón... hoy me siento muy triste. He ido a buscar los billetes para mi viaje y no he podido evitar sentirme sola en el Universo. Sí, ya sé que no es cierto y he de dar gracias a Dios por ello pero, así me he sentido. Hace una semana, como en los últimos veranos, le envié una carta por correo electrónico a SeñorSíSeñor en la que le reiteraba lo mismo de siempre pero esta vez, le digo que no espero respuesta por su parte, que ésto no tiene solución y que si lo que quiere es hacer su vida sin dar cuentas y que yo haga la mía sin "calentarle la cabeza" que muy bien, así sea. En fin, sin reproches pero lamentándome de tantas cosas... y, efectivamente, no ha habido ninguna respuesta por su parte. También le decía que no quiero hablar ni acercamientos ficticios que duran un suspiro para volver a empezar el mismo círculo de siempre, para llegar al mismo punto pero más cansada, más harta y más hundida... y, como digo, su respuesta ha sido el silencio... una vez más. Llevo la semana tranquila asumiendo mi nueva realidad. Pero hoy, estoy muy triste. Como dice el poeta, hoy podría escribir los versos más tristes...Pero ya tengo los billetes en el bolso y sé que me lo voy a pasar muy bien. Tengo el apoyo de mis hijas y de buenos amigos que me quieren. Además, Laura también aportará su propia experiencia para ayudarme a estar más alegre. Bueno, es cuestión de acostumbrarse a mi nueva vida. Y todo no va a ser malo sino más bien, será amable, porque estoy creciendo y poniendo los cimientos para vivir intensamente los años que me quedan. ¡Que espero sean muchos! Jejejejeje.
Voy a dejarme llenar de esta pena para aceptarla y después poder superarla. Tengo que conseguir poner una sonrisa en mi cara pues, cuando entro en casa, la pierdo.
Laia.
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