¿Oyes el sonido profundo de la propia vida?

MENSAJE A MI LECTOR:

Para que encuentres sentido a mis palabras, te sugiero que las leas con el orden que las escribí... consulta el archivo.
Aunque siempre puedes elegir las etiquetas. Tú decides.

Gracias por la visita.

Gracias por la visita.
Vuelve cuando quieras... te espero.

domingo, 3 de junio de 2012

A las cinco de la mañana...


Anoche, cuando ya llevaba unos minutos leyendo en la cama y me disponía a dejar el libro para responder a la llamada de Morfeo, me entró un mensaje al teléfono móvil. Era de la hija de una amiga muy querida fallecida hace unos años. Me decía que estaba sentada en el coche, delante de ugencias del veterinario. Sin saber qué hacer. Acababa de morir uno de sus gatitos. Y ya es el segundo en pocos meses. De repente, el animalito se había caído de lado contra el suelo y, muy frío, no reaccionaba a nada.
Estuvimos hablando algo más de una hora. Bueno, más que hablar, escribir, a través del whatsApp, que es gratis. 
Qué dolor. 
Qué tristeza.
Qué soledad.
Qué pena verla tan sola, delante de una consulta a las cinco de la mañana y llorando por su gatito.
Y es que, antes de éste, como ya he dicho, se le murió otro hace unos meses.
Y, cuando su madre estaba agonizando, la gata más querida por ella, se murió también de cáncer unos días antes.
Y antes de su madre, su hermano también murió en un accidente de coche...
Vaya vida la de esta chica... tiene la soledad del Universo en el alma... pero se deja querer. 
Y yo la quiero. 
El recipiente donde acumulamos el dolor, no tiene fondo.
Hoy han pasado mal día, tanto ella como el último de los gatitos que conoció su madre, porque buscaba a su hermanito por todos lados sin saber que ya no estaba.
Tiene más, pero ya sólo le queda uno de los que mimó su madre.

Laia.

sábado, 2 de junio de 2012

Que descanses...



Laia.

Gracias a las luciérnagas...

Luciérnagas que iluminan los recuerdos capturados en un corazón infantil...
No me gustaba tocarlas. Cualquier cosa con el aspecto o la textura de un gusano, me sigue horrorizando.
Pero por las noches, a la luz del cielo veraniego y oliendo a jazmín, mi abuelo y yo nos quedábamos quietos y en silencio junto al pozo, para que ellas, las luciérnagas, supieran que ya podían sentirse cómodas y seguras...
Mi abuelo dormitaba y yo, mantenía los ojos bien abiertos para descubrir dónde empezaba la primera a encender su mágica luz verde...
- ¡Abuelo, abuelo! Que ya...
- Sssshhh... que las vas a asustar...
Me callaba de nuevo, claro, mientras él se volvía a dormir y yo mentalmente y sin hacer ruido, las iba contando despacito para no equivocarme.
La Naturaleza hacía magia con los niños de mi generación a través de sus padres o de sus abuelos.
Fue bonito seguir la tradición entrañable de no asustar a las luciérnagas.
El hecho de compartir el silencio de la noche oliendo a jazmín, me enseñó a canalizar la ternura a través de la piel...por eso hoy, soy una niña mayor, pero emocionalmente sana.
Gracias a las luciérnagas...

Laia.

Lo podemos llamar soledad...




 Hay cosas que me llevan directamente a la infancia. 
Por ejemplo, ésas botellas recicladas y limpias, transparentes. 
Llenas de flores delante de una ventana.
Las tormentas también.
Un camino escondido, se perfila desde lo más profundo de mi mente y guia mis pasos hasta verme con coletas. O con trencitas, que era lo que a mi realmente me gustaba.
El olvido de las pequeñas cosas, hace que, aquello que tiene un significado para tí y sólo para tí, deje de existir... o quizás no se pierdan del todo y sigan estando ahí, a la espera de que vuelvas a pensar en ellas...
Yo me agarro con fuerza a aquella niña pequeñita con grandes ojos verdes, que llevaba siempre los calcetines largos arrollados a los tobillos y que, unos caracolillos rebeldes, rubios y ensortijados, adornaban su carita siempre asombrada...
¿Qué será de aquellas margaritas que aún recojo al borde de la carretera mientras paseo con mi abuelo?
¿Qué pasará con aquellos montoncitos de arena que preparé un día, para que las hormigas al volver se encontraran su casa hecha?
¿Qué será de aquél sol al caer la tarde que un día me acompañó y me dio calor mientras veía cómo se llevaban a mi madre al hospital? ¿Me esperará el brillo dorado de aquél sol de otoño en algún rincón del camino de vuelta a la Madre Tierra? ¿Sabrá el sol que ya sólo lo recuerdo yo?
¿Qué hará aquél espantapájaros que me asustaba, el día que ya no lo recuerde? ¿Se irá a los sueños de otras niñas para poder asustarlas?
Los días de nuestra vida están llenos de pequeñas cosas que le dan sentido a lo que hoy sientes y piensas, a lo que eres y esperas pero, de repente, pasados los años, te das cuenta de que a nadie le importa un bledo.
A éso lo podemas llamar, soledad...

Laia.

viernes, 1 de junio de 2012

Gracias por estar ahí... de nuevo...

Gracias por estar ahí.

Laia.

Estoy muy preocupada...

 Empiezo a acostumbrarme otra vez a escribirte por las noches.
Estoy recuperando las ganas de contarte las cosas que pasan en mis días.
Empezaré diciendo que estoy muy preocupada con mis hijas. Sobre todo, con la mayor. Lleva más de dos años y medio en paro y no encuentra trabajo ni para limpiar...
Después de muchos años emancipada, con su carrera, cuidándose y llevando su vida y su casa adelante, tendrá que volver a vivir con nosotros. Porque estamos llegando al límite de la ayuda que podemos darle. Ya no hay más. Lo que habíamos ahorrado para una jubilación más o menos tranquila, se ha acabado. Tendrá que dejar sus cosas en un guardamuebles y, si es muy caro, las tendrá que vender.Y será un drama. Porque, todos nos hemos acostumbrado ya a vivir solos y, tener que negociar a éstas alturas, la cadena de televisión que poner, será duro... por decirlo de una forma amable. Pero el problema fundamental y el que más me preocupa es, lo mal que se sentirá ella cuando tenga que volver. Se sentirá hundida, derrotada, frustrada... a sus treinta y cuatro años. 
Los jóvenes hoy, a causa de la estafa mundial que nos han hecho, se han quedado sin futuro. 
En realidad, todos nos hemos quedado sin esperanzas, sin soluciones, sin oxígeno. Y mientras, los causantes de la estafa mundial, se han ido y se están yendo de rositas... mejor dicho: se les premia con millones de euros o dólares por una gestión nefasta...
Estamos viviendo momentos cruciales que marcarán un nuevo ritmo en la Historia de la Humanidad.
No hay soberanía en los países. Todos vivímos sometidos a los mercados y, los mercados, no entienden de personas. Sólo de dinero y poder.
Somos muchos en el mundo y, para servirles de mano de obra a los poderosos y ricachones, sobramos más de la mitad. 
Hemos dejado que, todo el sufrimiento, toda la sangre y las vidas de aquellos que lucharon por un mundo mejor, se vaya a la mierda. No hemos sabido cuidar la herencia que nos dejaron nuestros antepasados. No hemos valorado en su justa medida el dolor que había detrás de los avances sociales que hoy, con la excusa de una estafa que llaman crisis, nos están quitando con todo el descaro, con toda la prepotencia y el abuso de poder con que los fascistas lo hicieron ayer y lo siguen hacien hoy. Y claro, para redondear bien la actuación, si te quejas, te parten la cara, te dan con una bala de goma, te meten en prisión preventiva o, todo a la vez... sin olvidar que están cambiando las leyes para que la gente no se pueda ni reunir en la calle...

Nos hemos quedado sin el sol... la luz del sol se ha apagado...


Laia.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Manos...

Hoy he visto la foto de una pareja amiga en la que bailan con ilusión en el día de su boda. Están ajenos al fotógrafo pero pendientes de sus amigos y familiares, que los rodean con cariño mientras ellos inician su primer baile de casados...
Miro la foto con una sonrisa dibujada en la cara porque, no hay duda, que son dos personas entrañables. Repaso la ropa y los veo guapos. Observo a los invitados y los veo felices. Hay gente con sombreros haciendo muecas y alguna chica arreglándose la falda; hay algún extraviado con el vaso lleno y otros con el vaso vacío y con los ojos cargados...
Lo que queda de tarta se puede ver allá al fondo.
La foto tiene una panorámica ámplia así que, puedo ver casi todos los rincones del lugar donde están celebrando la fiesta.
La novia, está de espaldas. El novio, frente a ella, tiene la cara girada hacia un lado hablando con alguien que, pese a la gran perspectiva de la imágen, me queda oculto a la visión.
El novio sonríe, se le ve pletórico y exultante. Tiene la mano de su mujer cogida en ése abrazo medio de tango, que hace a las parejas tan cómplices de su pasión... pero más que verlo, lo adivino, queriendo comprender la intimidad de los que se aman siendo aún jóvenes.
El vestido de la novia es de calle y de flores discretas. Me gusta. El pelo largo, adorna la parte de atrás del vestido ocultando muchas de las suaves flores.
Me imagino la música. Me imagino las voces, las risas, los consejos envueltos en papel de broma para la vida recién estrenada...
Huelo el humo de los puros, el aroma de las flores, el sudor de los que bailan, el perfume de algunas señoras, los restos apetitosos de la comida, los licores derramados... y me emociono, como si no cupieran en mí más celos, al ver la mano del novio sobre la espalda de la novia...
Su mano grande y sus firmes dedos, atraen a la mujer que ha elegido de entre todas las mujeres, hacia su corazón, hacia su pecho. Mientras mira a otra persona y le habla sonriente, su mano posada en la espalda de la novia, se amolda al cuerpo que ha escogido para querer. La mano no sólo se adapta con la suavidad que requiere el amor sino que, con la misma dulzura, deja el espacio necesario para que el vestido ni se arrugue.
Como el gesto de un director de orquesta que con su batuta va marcando un Allegro ma non troppo; como el movimiento de un bailarín que danza abrazado al aire; como el ademán de un niño que mira unos deditos que no conoce... así posaba el novio su mano sobre la espalda de la novia...
Es ahí donde podemos encontrar mucha de la complicidad que toda pareja necesita para nutrir su intimidad: en ésa mano grande modelando el amor y en ése cuerpo que ama.

Laia.                      

sábado, 26 de mayo de 2012




Gracias por la fidelidad.

Laia.

El corazón en una nuez...



Hola.
¿Estás ahí?
Te escribo a tí, ¿recuerdas? eres mi lector, mi confidente.
Hace mucho que no vengo a escribirte pero hoy, me ha llegado un comentario anónimo que me ha hecho reaccionar.
Sé que hay muchas personas como yo atrapadas a su dolor. A su soledad.
Los días que vivímos están siendo extremadamente duros al márgen de los propios problemas, porque ahora hay que sumar el temor por un futuro incierto, por la penuria económica y por la maldad de los políticos y los banqueros.
El mundo se tambalea. 
El dinero no llega.
No hay trabajo para nadie.
Quiero contarte, que una de mis hijas lleva dos años y medio en el paro y que, dentro de muy poco, la ayuda que le estamos dando, se agotará. ¿Hay mayor maldad en el mundo, que dejar que otros se hundan en la miseria mientras tú y tus compinches salvan a los bancos?
Lo que le faltaba a mi vida... ver cómo mis hijas se sienten perdidas y sin esperanzas.
El dolor de los demás me inhabilita para vivir medianamente en paz. 
SeñorSíSeñor sigue en su tónica.
Creo que no ha vuelto a ver a la compañera con la que me fue infiel pero, ha servido de poco pues, después de haber convivido con su madre todo un año, la convivencia ya no tiene solución. Parecía que lo estábamos superando, que podíamos salir adelante. Incluso, él empezó a compartir cosas suyas conmigo. Cuando tenía que salir a hacer algo, me pedía que le acompañara. Y cuando salía solo, me contaba si se había encontrado con algún amigo, si había visto algo interesante... parecía que empezábamos a entendernos, a querernos de nuevo. Después llegó su madre, la persona más mala que conozco y, todo se volvió a deteriorar. Ella malmetió a mis hijas contra mi. Le contaba a su hijo las cosas de la forma que más daño me pudieran hacer. Le mentía descaradamente. Él se dio cuenta y durante muchos meses, peleó con ella y discutió, diciéndole unas cosas que a mi misma me ponía los vellos de punta. Y no porque la mala vieja no se lo mereciera, sino porque, nunca, lo había visto tan contundente y tan receptivo, incluso intuitivo, para entender lo que la madre perpetraba y manipulaba.
Mis hijas y yo, lo pasámos muy mal, no sólo por todo el daño que nos hizo sino también, porque es una persona tan negativa, tan oscura, egoísta y egocéntrica, que estar en una misma habitación con ella te contaminaba y acababas con la misma mala leche que ella.
Ahora él no se acuerda o no quiere acordarse de todo aquello. Cuando hablan por teléfono se comporta como si fuera la mejor y más cariñosa madre del mundo, a pesar de que él mismo me reconoció en momentos que quizás ya no quiere recordar, que nunca se ha sentido querido por su madre y que sabe, que los problemas que tiene para relacionarse se los ha generado ella. Por supuesto, no ha sentido empatía por las consecuencias que he sufrido y que aún colean. 
He necesitado todo un año para recuperarme medianamente. Aún no estoy bien del todo, pero sí mejor.
Físicamente he empeorado pues, sin estar más gorda, casi no puedo moverme por los dolores de la cadera y de la pierna. Es un círculo vicioso: si adelgazo, se me quitarán casi todos los dolores pero, no adelgazo porque no salgo a andar, ya que me duele mucho. Me lo ha dicho mi doctora. Como bien y la prueba está en que no engordo, pero no es suficiente para adelgazar. Y no es cuestión de estética, ya no, es por la salud.
¿De dónde voy a sacar la fuerza para mover éste cuerpo dolorido?
Ya voy a cumplir cincuenta y seis años. Y lo noto. Incluso intelectualmente. Estoy perdiendo reflejos y capacidades a velocidad de vértigo y es que, también me lo dice mi doctora: todo lo que no sea una vida equilibrada pasa factura.
No sé qué cosas te conté las últimas veces que estuve por aquí. Si me he repetido en alguna, espero que sepas y puedas disculparme.
¿Cómo me siento en este momento?
Pues bien.
Bueno, no negaré que me duele que SeñorSíSeñor no sea comprensivo y agradecido con la paciencia que he tenido con su madre... porque en realidad, no lo piensa así, ya que él piensa que yo siempre puedo aguantar un poquito más, un giro más de la tuerca.
Y tampoco negaré que no me duela, que no agradezca haberle dejado seguir conmigo después de su traición. Porque, cuando pasó un tiempo, llegó a negarme que lo que pasó, pasara. Quiso negar la mayor. Aunque no se lo consentí.
Tengo ayudas, no lo voy a negar así que, estoy bien.
Sóla, dolorida, preocupada, cansada, pero estoy bien.
Ahora puedo convivir con los silencios, porque ya no me molestan. ¿De qué sirven las palabras, cuando las usan más como sanción que como premio? Mejor el silencio, es un compañero más fiel...
Ayer, cuando estaba abriendo y troceando las tres nueces que cada noche le echo al yogurt de soja, una de la nueces al abrirla, me regaló un corazón...

Laia.

viernes, 22 de julio de 2011

Una noche más...


Noche oscura de verano otoñal...
Frío en las calles, en las plazas, en el interior de las casas silenciosas.
Frío sin escarcha dentro del alma.
Ojos marchitos.
Labios estrechos, cerrados, cansados, de tanto pedir, de tanto hablar...
Cumbres conquistadas para caer después, en un golpe certero de traición.
Sentimientos anestesiados por el dolor.
Búsquedas postergadas... en beneficio de silencios compartidos.
Esperanzas que se niegan a morir desahuciadas.
Conclusiones que no llegan a buen fin.
Recursos agotados.
Oscura noche.
Calle oscura, donde sólo brilla tenuemente una débil farola, a lo lejos... medio disipada y cansina... aburrida de luchar contra las tinieblas de un corazón solitario.
Breves risas han surcado el camino.
Escuetas palabras han dado fuerza a los días, para difuminarse como el humo de un cigarrillo encendido, que se agota sólo, reposando en el más bonitos de los ceniceros.
Nubes matando luz, asolando alegrías.
Oscuridad.
Silencio.
Dolor.
Aceptación.
Humildad.
La explosión de vida que no llega.
Obcecación.
Noche oscura, una vez más, que vengo a compartirla...

Laia.

Todo un año...


Hola.
Mucho tiempo sin escribir.
Casi un año, lejos de éste rincón secreto...
Los acontecimientos han sido muchos y variados, aunque la mayoría no han sido buenos, ya que no parece posible otra cosa en mi vida...
Debo haber nacido para sufrir, para ser idiota, para no aprender... y mira que pongo empeño en conseguirlo, la verdad.
Cuando operaron a la hermana de SeñorSíSeñor, allá por el mes de septiembre del año pasado, y después varios meses aguantando a su madre, me tuve que rendir ante la situación y, como la hija no quería tener cerca a la madre durante los meses de quimio, me la tuve que volver a traer a mi casa.
Yo sé que la hermana, ante una enfermedad tan grave, se tenía que centrar en ella mísma(ya tiene práctica), para superarlo lo mejor y lo antes posible, pero lo que ellos no saben, es tener la misma consideración conmigo.
El total de tiempo compartido con ella, aguantándola y medio muriéndome, ha sido de: un año entero. Y, después de todo ése tiempo, su hija aún creía que, después de acompañar a la madre a una de sus muchas visitas médicas, me la iba a traer de nuevo... y claro, yo la entiendo, porque tener a un ser tan malo como su madre al lado, no lo quiere nadie... ni siquiera ella, que lleva la herencia en la sangre. Pero, me negué, rotundamente, a que volviera a mi casa y, afortunadamente desde hace dos meses ya no la tengo aquí. Ya no me huele la casa a ella. Ya no me la encuentro por las noches en el pasillo dándome un susto de muerte. Ya no la tengo aquí, inventando historias para ponerme a mal con mis hijas... ya no está aquí, para malmeter entre su hijo y yo. Ya no está aquí, para criticarme y maquinar en mi contra.
No voy a seguir hablando de ella, porque no quiero oscurecer más la noche, sólo diré, a modo de conclusión, que es la persona más mala que conozco.
Una persona mala, es un ser que, a sabiendas de que va a hacer daño, se pasa el día buscando la forma de herir y machacar. Y así es ella. Y así se lo dijo su propio hijo en una discusión que tuvieron, justo la noche antes de dejarla con su hija. Le dijo: "Eres tan mala, que cada vez que abres la boca es para hacer daño"
¡Se lo dijo él!
En fin, le dijo muchas más cosas, todas ellas ciertas. Y yo le advertí a él esa noche, que a casa no volvía. Me contestó, que volvería si hacía falta, a lo que yo respondí: "Pues entonces, será ella o yo" Y él me dijo, tranquilamente, que no lo amenazara. Yo le contesté, que sólo le informaba.
Después se puso a dormir.
A día de hoy, y sólo dos meses después de la liberación de sus asquerosa presencia, SeñorSíSeñor, ya ha olvidado todo lo que pasamos y, poco menos, que la defiende.
Hace unos días me dijo, que tampoco me había hecho tanto la pobre mujer... yo me quedé estupefacta... no me lo esperaba, y pensé: "Claro, como aún respiro..." Aunque, si me hubiera muerto, tampoco hubiera reconocido el motivo, por supuesto...
Bueno, bromas a parte (¿broma?), te diré que me sentía tan mal, que no quería ni levantarme por las mañanas. Cuando abría los ojos, y tomaba conciencia de mi realidad, cuando la oía removerse en la habitación o hablando con el hijo, quería volverme a dormir y no desperar en mil años.
A SeñorSíSeñor le dio un cólico. Y ella ni se enteró, porque en su universo sólo existen ella y sus líos y cotilleos. Pero es que, a las dos semanas de perderla de vista, a mi me dio otro. Se lo he recordado, le he dicho que no olvide lo mal que lo pasamos estando ella aqui, pero me contesta que éso es de la edad que tenemos, que no tiene nada que ver con su madre... y yo creo, que cuando acumulas tantas bilis, tienen que salir para que no revientes.
Lo peor de todo, sinceramente, es que, ella llegó a nuestras vidas cuando estábamos en proceso de superar la infidelidad de SeñorSíSeñor. Cuando ya éramos capaces de hablar, y de hablar con sinceridad y podíamos darnos cariño sin sentirnos agredidos. Yo lo vivía con esperanza, porque me creí de verdad, que la oportunidad que me pidió, la iba a aprovechar y que iba a ser consecuente y coherente. Pero todo ha cambiado. Las secuelas que ha dejado entre nosotros la bruja que lo parió, son insalvables. Y es lógico, porque todo un año sometido a la manipulación de un bicho malo, acaba haciendo mella, aunque no quieras. Y no es que lo justifique, pero lo entiendo. Con una madre así, es difícil ser normal para poder comunicarte.
Aquí estamos, un año más, con la urgencia de playa, familia y barco. Y no entiende que yo no quiera ir. No acepta, que yo no quiera estar con ellos. No considera tan grave lo que me hacen, supone que puedo aguantar aún más. Y por mucho más tiempo.
No sé qué va a pasar. Llevamos dos días discutiendo. Las grietas son cada vez más grandes. Los reproches cada vez más ágrios e inesperados.
Te lo contaré.
Un día vendré, y te lo contaré.

Laia.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Mis vacaciones...

Hola.
Hace unos días ya que volví de las "vacaciones" pero aún no he podido recuperarme...
¿Sabes esa sensación de seguir dentro de un tren antiguo después de mucho tiempo?
Así me siento... sintiendo los golpes de las vías en mis huesos...
Dos meses con mi suegra en casa, dos largos meses. No te puedes imaginar qué significa, cuánto quema, de qué forma te vampiriza... es negativa, es pesimista, es un pájaro de mal agüero. Siempre criticando, siempre quejándose, siempre riéndose de alguien...
Es superior a mis fuerzas.
Sí, ya sé que en éstos casos lo fácil es aconsejar, no escuchar lo que dice. Lo sé, pero es prácticamente imposible. Porque no para nunca, nunca...
Es como un rumor que duele y no cesa jamás.
Los dos meses se acabaron, afortunadamente y, a continuación, mes y medio en su casa.
Ésas han sido mis vacaciones. Con un calor asfixiante, sin poder dormir por las noches.
Allí, en un lugar que podría ser idílico y que algunos que conozco lo llaman "el paraíso", he convivido con SeñorSíSeñor, con su señora madre y con su áspera hermana y su marido. Y, si mal lo he pasado a lo largo de los años a causa de mi suegra, ahora tengo la herencia prolongada en su hija.
Durante mes y medio he sido un ser transparente, invisible... aguantando el intento de manipulación al que me quieren someter. Pero no pueden, y eso genera mucha tensión.
No me hablan, no cuentan conmigo para nada y me entero diez minutos antes de que hay que ir a comprar o a visitar a alguien. Y no sirve quejarme, no sirve pedir que me tengan en cuenta... no sirve, les da igual, siempre estamos en el mismo punto. Siempre.
El relato completo sería interminable y muy aburrido.
Lo resumiré con unas palabras que le dije a SeñorSíSeñor uno de aquellos días insoportables:
"Tiene narices que, a estas alturas de la película y después de más de treinta años, tenga que decir que me trata mejor tu madre que tu hermana. Con todo lo que ha llorado en mis hombros cuando la conocí por el comportamiento de tu madre y ahora ella me hace a mí lo mismo."
Pensaba que, cuando acabara el mes de agosto me vendría a mi casa a olvidar lo pasado y sufrido pero, hete aquí, que me esperaba una sorpresa...
Le han diagnosticado a mi cuñada, cáncer de colon.
Así, tal como suena.
Dentro de unos días le dirán cuándo la operan así que, allí me voy de nuevo en breve. Y, como en octubre estará convaleciente, tendré que quedarme más y más porque, mi suegra (de nuevo ella), que también fue operada de cáncer de mama hace un año, tiene sus revisones y pruebas durante todo ese mes.
No le deseo nada malo a nadie. Pero, me pregunto:
¿Merece la pena aguantar todo esto por un hombre que siempre le tienes que estar recordando que necesitas que te toquen?
Durante todo este tiempo, a pesar de la situación tan desagradable y de la impotencia que sentía, he sido capaz de observar mucho más que de costumbre y analizar ciertas situaciones ajenas a mi persona. Supongo que, el hecho de haber evolucionado interiormente y de sentirme en gran medida al márgen de sus mierdas, me ha ayudado a darme cuenta de que, con la familia que tiene, SeñorSíSeñor no puede ser de otra manera. Bueno, podría si él quisiera pero para quererlo, tendría que reconocer y aceptar una realidad que no está dispuesto a asumir. Su familia es sagrada y punto.
Me siento desfondada, agotada, exhausta... y hay que seguir. ¿O no? Sí, hay que seguir. Por muchos motivos. En realidad, si dejo a un lado el cansancio, no estoy tan mal. Y si lo comparo con años anteriores, estoy estupendamente...
Los recursos que he ido aprendiendo de la mano de Olga, me están ayudando mucho.
Bueno, quería venir a contártelo.

Laia.
P.D. Lo antes que pueda, responderé al comentario que "Otra yo" me dejó en la entrada anterior. He querido hacerlo durante todo este tiempo pero, como sólo disponía del portátil de SeñorSíSeñor, no quería dejar reflejada la dirección de este blog que, como sabes, es secreto.

lunes, 21 de junio de 2010

Descubrimientos...

Quiero decirte, amigo lector, que hace más de un año descubrí que SeñorsíSeñor me estaba engañando. Como se podía esperar él lo negó por activa y por pasiva pero, el caso es que descubrí muchos mensajes en su móvil que demostraban lo contrario y, al fin, pude confirmar que no estaba loca, que su comportamiento era el típico de un hombre infiel.
Cuando se destapó todo y hablamos claro, me pidió una oportunidad para demostrarme que me quería y que con quien quería estar era conmigo. Entre otras cosas. Pero siempre argumentando que, contra todo lo que podía parecer, no había pasado nada físico entre ellos, que todo había sido un juego morboso... pero a mi me sigue doliendo el hecho simple y conciso de que, el engaño, es una traición, aunque sólo haya sido a medias... sobre todo, porque fue con una de sus compañeras de trabajo y con la que hemos ido hasta de viajes por el mundo... hemos comido en mi casa todos juntos, en la suya... hemos ido de conciertos y vivido muchas otras circunstancias que, cuando las recuerdo y me veo como una absoluta mema, ignorante de lo que había detrás de las miraditas y de los secretitos en un rincón de la cocina, etc., me entra una soberbia que me es dificil controlar. Son dos amigas del alma, compañeras de trabajo de más de veinticinco años que siempre van juntas a todo y con todos. Sus maridos también, claro, pero los ningunean así que, ellos no son importantes. Pues bien, yo estaba segura de que me estaba siendo infiel con "la otra"
Fue una sorpresa descubrirlo... ¡qué bien supieron hacerlo! Estaba liado con la morena y tonteaba con la pelirroja. ¡Qué tonta he sido!
Todo está tranquilo, aparentemente. No he vuelto a percibir nada raro. Incluso su comportamiento ha cambiado. Ahora es amable, habla, nos reímos, vamos al cine... y el año pasado accedí a volver a pasar las vacaciones con él y, tengo que decir, que me lo pasé muy bien. Estuvo pendiente de mi, salimos a cenar, a comer, de fiestas por los pueblos de los alrededores, a pescar... nos reíamos, charlábamos.
El verano está a la vuelta de la esquina, aunque aún no hace calor. Pero este año tengo dudas y miedos, porque no sé si podré aguantar a su familia tanto tiempo... llevo un mes con su madre en mi casa y pensar que aún me queda el mes de julio y agosto con ella en su propia casa, me tiene muy nerviosa.
Ya te contaré.
Laia.

jueves, 21 de enero de 2010

Preguntas...

Un año recién nacido se acuna en nuestras manos...
Queremos mimarlo y que crezca honrado y sensato...
No queremos vileza ni tampoco injusticia.
¿Sabremos cuidarlo como se merece?
Lo que estamos viendo en estos primeros días de enero, no es muy bueno...
¿Por qué no lo intentamos?
Llenemos nuestro corazón de la fuerza del Universo: AMOR.
Y no hablo de memeces, hablo de solidaridad, de justicia, de lealtad, de honradez, de empatía...
¿Seremos capaces de sacudirnos tanto materialismo de encima para hacerlo?

Laia.

jueves, 4 de junio de 2009

En mi pasado, por un día...

Después de mucho tiempo, aquí estoy de nuevo, con calor y de madrugada... espero que sigas ahí, lector amigo, para recoger mis palabras y mis secretos...
He venido a contarte que mi abuela falleció hace unos días. Fui a su entierro, por supuesto, y allí me reencontré con familiares y amigos que hacía más de veinte años que no veía.
La tristeza de su pérdida flotaba en el aire y en los corazones de todos pero, en el fondo, teníamos la sensación de que, por fin, ya estaba descansando, pues sus últimos años fueron muy duros. Pero, no sólo la pena de su muerte bullía en mi mente. Y soy consciente de que puede parecer bastante superficial lo que voy a contarte... y me va a costar mucho hacerlo...
Cuendo volví hace unos días al pueblo donde la enterraron, no sólo me reencontré con esos familiares y amigos de los que hablo, también pude saludar a un antiguo noviete y, cuál no sería mi sopresa, al ver en su mirada aquella misma chispa brillante de hace más de treinta años, cuando nuestros ojos se clavaban el uno en el otro buscando la cercanía. Su madre no me reconoció, tuve que decírle quién era. Pero él, sí. Los dos hemos hecho nuestras vidas al márgen de aquellas ilusiones de antaño, pero supe, que algo había quedado entre su piel y la mia de todo aquello que habíamos sentido. Yo era una muchachita pequeñita, delgadita, guapetona y sobre todo simpática. Y tenía muchos pretendientes, que era como se llamaba entonces a los chicos que querían casarse contigo... pero elegí a SeñorSiSeñor como marido...
Tuve que asumir que, sabiendo que al entierro de mi abuela iría casi todo el pueblo, sería para mí muy duro pues, cuando dejé atrás aquél lugar, dejé admiración y deseo en la mente y en el corazón de muchos de aquellos amigos, novios y compañeros que, al volvernos a ver, descubrirían que me había convertido en una señora gorda y vieja... con ojeras... en fín...
Me sentía mal por tener esos sentimientos pues lo trascendente era la muerte de mi abuela pero, no podía dejar de pensar en ello.
La mirada de aquellos ojos pequeños de color castaño, con su chispa del pasado aflorando, me reconcilió conmigo mísma. Además, SeñorSíSeñor, me dio el cariño y el respaldo que necesitaba...
Me he enfrentado a mi pasado, algo que necesitaba para encarar mi vida desde la nueva perspectiva en la que me encuentro pues, durante todo este tiempo que no he venido a contar secretos, han pasado muuuuuuuuuchas cosas. Algunas muy malas pero otras, buenas.
Todo eso, te lo contaré otro día.
Lo prometo.
Laia.

viernes, 24 de octubre de 2008

Los barrotes del dinero...

Mucho tiempo sin venir a hablarte... y es que, muchas cosas han cambiado... sobre todo yo... nada es igual... sobre todo yo... han mejorado, pero sobre todo, yo... y en este mundo convulso y peligroso, me siento más segura y más persona... la gente sigue igual o al menos lo parece, pero yo he crecido... mi altura es la misma pero mis alas son más largas... mi cuerpo sigue gordo, pero me gusta lo que veo... el espejo me refleja más guapa por dentro y más paciente, más joven y más tolerante, más comprensiva y con más conocimiento de mi presente... el mundo sigue girando entre barrotes de pobreza y quiebras de dinero... el mundo sigue su paso hacia la liberación, espero... unos y otros conforman ése mundo financiero y lloran para que los apoyemos y los avalemos... mientras, yo me siento mejor y mucho más fuerte... sin embargo, ¿qué estámos haciendo con el mundo?
El planeta está dándo la vuelta y, con las patas puestas para arriba, grita por un vuelco humano y justo... mientras, mis días se llenan de paz y de sosiego... SeñorSíSeñor ha dejado de ser el centro...
Laia.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Sonrisas y ternura...

Que la felicidad te llene de sonrisas y ternura...
Laia

Ahí estoy, con la puerta medio abierta...

Te dije que te contaría, pero no lo he hecho... SeñorSíSeñor volvió de sus vacaciones el domingo pasado y cuando llegó, lo primero que hizo fue darme un abrazo... una congoja atacó mis cuerdas vocales y me acurruqué en él... casi lloré... pero intenté no perder la calma con la idea de no alterar mi equilibrio y mantener una mirada prudente ante lo que estaba pasando y lo que iba a pasar... ¿podía confiarme? La despedida fue fría y amarga al menos para mi pues, me negué a darle ni siquiera un beso... en las tres semanas que estuvo fuera de casa, me mandó casi todos los días un mensaje con el móvil, a los que, sinceramente, en su mayoría no contesté.
Han pasado las horas y sigo sin confiarme... tengo la convicción de que, si lo hago, recibiré más disgustos... y no quiero... me niego... por eso, me mantengo tranquila pero seria. Si hay que reír se ríe una a ver si me explico, pero con mesura... no quiero los vaivenes de un tiovivo... no quiero hoy arriba y mañana abajo... no, me niego...
Esta actitud mia puede que esté recortando su comportamiento pues quizás venía preparado para mis exigencias y a tener que esforzarse más pero, no puedo hacer otra cosa...
Lo que sí voy a cambiar desde ya, es mi hora de acostarme y de levantarme. Me iré a la cama con él y me levantaré después de haber dormido ocho horas. Hoy ya no lo he cumplido pero a partir de mañana, así será.
Laia.

El Real Monasterio... (2)

Aún suenan en mi cabeza de una forma mágica, las notas que brotan del órgano en ese coro de muchos siglos... aún veo a la monja subir la angosta y empinada escalera para acceder a él...

Lástima que este vídeo no tenga como música de fondo, sus rezos en gregoriano...

Aunque es de mala calidad, aquí te dejo la inauguración del Museo de Telas del Real Monsaterio de Las Huelgas. Hay pocas cosas pero son muy interesantes.
Laia.

El Real Monasterio... (1)


Éstas son las primeras imágenes que tuve el placer de ver cuando me levanté, mi primer día en el Monasterio. Es difícil explicar que, no buscando respuestas de fe, encuentre tanta Paz entre estas paredes. Es difídil conciliar mis ideas religiosas con algunos discursos que se oyen en boca de las maravillosas monjitas que, con toda sencillez y humildad, promulgan cada día.
¿Cómo decírles que, cada una de sus palabras y buenas intenciones, cada uno de sus deseos para con el prójimo, cada sacrificio, cada oración y cada esperanza, son patrimonio de la Humanidad y se pueden pronunciar y hacer desde cualquier otra religión?
¿Cómo explicarles que, su dogma de fe, no es único en el mundo?
Digo todo esto porque, dos días antes de mi marcha, llegaron una madre y una hija, típicas tópicas ciudadanas de Madrid con sus peculiares actitudes y con una mentalidad propia de principios del siglo pasado. Y no pude por menos que sorprenderme ante su convicción de que su forma de ver la vida es, ni más ni menos, que la única digna y decente forma de ver la vida...
Así son: únicos en el mundo.
Los seguros, los convencidos, los iluminados, los llamados a la fe católica...
¿Por qué en España, los cristianos han de ser católicos, apostólicos y romanos?
No quiero que me entiendas mal, ante todo, soy respetuosa absolutamente con las creencias de los demás pero, si añadímos que fuí educada desde la religión no militante, chirrían dentro de mi los aspectos intolerantes de algunos integrístas, en este caso, católicos.
Mi respeto y mi cariño más afectuoso para esas mujeres que llevan hábito y que rezan en gregoriano. Ellas sí viven serenas y saben que hay mil maneras para llenar el espíritu y que, para llegar a nuestro Dios, el que cada uno de nosotros lleva dentro, todos tenemos nuestro propio rítmo y andamos por nuestro propio camino.
Así son de generosas y así viven la caridad.
Sé que no leerán estas líneas pero tengo que decírlo:
Gracias a toda la Comunidad por acogerme y quererme.
Y gracias por el agua del Jordán que cada noche bendecía nuestras cabezas al terminar Completas.
El Monasterio visto desde el banco donde me fumaba los cigarritos antes de la comida.
Se respira el paso del tiempo en cada suspiro de aire que mueve las nubes, siempre peregrinas y bonitas.
Laia.